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Dice en Lucas 10.25-32; Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? 26 Él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. 29 Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. 32 Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo.
Tenemos a un maestro de la ley que inicia un tema de conversación y es la vida eterna, o por lo menos el pretexto y Jesús le responde amando con todo nuestro ser a Dios y a tu prójimo.
Ahora bien, Jesús le da un ejemplo, un hombre golpeado por ladrones necesitado de apoyo, esta tirado y lastimado casi muerto; pasó el sacerdote lo vio y pasó de largo, paso el ayudante del templo, lo vio y pasó de largo. Ojo, probablemente no es que fueran fríos o escépticos, sino que, talvez eran mucho más importantes sus prioridades, compromisos e iban tan urgidos por cumplir, que no tenían tiempo para esas cosas. Para eso había otras personas. ¿Acaso no es egoísmo? Porque cuando estamos bien, es mucho más difícil, pensar que alguien la puede estar pasando mal, y podemos ser indiferentes a las necesidades de los demás.
A veces en nuestro rol, en nuestro día día, se nos olvida que la vida eterna tiene que ver con amar a Dios, pero también está ligada, tiene link con mi prójimo. O sea, amo tanto a Dios que me olvido de mi prójimo, o amo tanto a mis prójimos, que me olvido de Dios, de ninguna manera. A Dios le doy todo mi corazón, mi alma, mi mente, mis fuerzas “Y” di conmigo, “Y” a debo amar a mi prójimo como a mí mismo y entonces le das a tu prójimo como te dieras a ti mismo. Es decir, trata a tu prójimo como te gustaría que te tratarán, recíbelo como te gustaría que te recibieran, amalo como te gustaría que te amaran, atiéndelo como te gustaría que te atendieran.
En Lucas 10.25-33 alguien marcó una diferencia; Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia. En Mateo 9.36 nos dice; Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.
O sea, Jesús los vio confundidos y sin tener quien los defendiera. ¿Por qué? Porque allí estaban todos lo que no llenaban los requisitos de la ley, los pecadores, los enfermos, las viudas, los huérfanos, los desamparados, todos aquellos que no tenían respondiera por ellos.
Para misericordia y compasión se utiliza la misma palabra en griego “splanilzomai”, es decir Jesús sintió lo mismo que el samaritano.
El resultado de la misericordia y la compasión fueron acciones, ¿Acaso no es eso amor?
Quitemos todo egoísmo y amemos a Dios y a nuestro prójimo, o sea tratemos como nos gustaría ser tratados.