Horario de servicios: Martes 7:30 P.M. y Domingos 08:00 A.M. - 10:30 A.M.


A todos nos gusta escuchar a Dios…
Pero seamos honestos: nos gusta cuando nos habla de la manera que esperamos.
Nos gusta cuando alguien nos profetiza y dice:
“Dice el Señor que te sacará del desierto, dice el Señor que abundarás en todo tipo de bien”.
Nos gusta cuando Dios nos habla con promesas, con bendiciones, con palabras que nos levantan.
Pero, ¿qué pasa cuando Dios nos habla a través de las circunstancias?
¿Cuando nos habla con corrección, con procesos, con pruebas?
Ahí ya no nos gusta tanto.
La pregunta es clara:
¿Cómo queremos que Dios nos hable?
La Biblia nos muestra en Job 1 y 2 que cada una de las situaciones que Job atravesó fue más fuerte que la anterior.
Una tras otra, llegaban acusaciones delante de Dios.
No fue una sola prueba, fueron varias… y cada vez más intensas.
Y muchas veces, así sucede con nosotros.
Dios nos está atrayendo a su consejo, pero no hemos querido entender que Él nos quiere solo para Él.
Todo aquello que nos aparta de su voluntad, aquello que una y otra vez nos hace fallar o caer en el mismo pecado, Dios lo confronta porque quiere cumplir su propósito en nosotros.
Por eso, nos llama la atención de distintas maneras.
Vemos el ejemplo de Sansón.
En Jueces 14 y 16 encontramos a mujeres llorando, insistiendo, hostigando, manipulando… hasta que Sansón terminó revelando su secreto.
Y la pregunta para nosotros es esta:
¿Cuál es ese secreto que quieren sacarte a ti?
No se trata solo de Sansón.
Ese secreto es la razón por la cual tú sigues de pie:
tu adoración, tu paz, tu fortaleza, tu confianza, tu fe.
¿Quiénes son esas “mujeres hostigosas” hoy?
Tal vez no sea una persona, pero puede ser:
Algo que has querido dejar, pero una y otra vez vuelves a caer.
Pides perdón… y al poco tiempo haces lo mismo.
Te sientes mal con Dios y contigo mismo porque sabes que eso te consume, pero vuelves a ceder.
En Job 33 se nos dice que Dios habla de muchas maneras, pero muchas veces no queremos entender.
Y aun así, hemos orado y pedido que Él nos libre de ese lazo…
Y Dios ha respondido.
Isaías 55:7 nos da la respuesta clara:
“Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”
Dios no solo quiere sacarte del problema.
Dios quiere que dejes el camino que te ata.
Y hoy el Señor te recuerda algo poderoso:
“Mío eres tú.”
En Génesis 28:15 Dios dice:
“No te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho.”
Y en Deuteronomio 4:31 nos asegura:
“Porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que juró.”
Dios te habla…
A veces con promesas,
a veces con procesos,
a veces con corrección.
Pero siempre lo hace porque te ama,
porque no se ha rendido contigo,
y porque su propósito en tu vida sigue en pie.