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Leamos Malaquías 3:13–18.
El Señor dice:
“Vuestras palabras contra mí han sido violentas… ¿De qué sirve servir a Dios?”
El pueblo había llegado a un punto peligroso: servían a Dios, pero ya no creían que valiera la pena hacerlo.
Veían a los soberbios prosperar, a los impíos avanzar, y comenzaron a pensar que obedecer a Dios no tenía recompensa.
Pero el pasaje no termina ahí.
El verso 16 dice algo poderoso:
“Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó…”
Dios estaba escuchando y fue escrito un libro de memoria para los que le temen y piensan en su nombre.
Y el verso 17 declara la promesa:
“Y serán para mí especial tesoro… y los perdonaré como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.”
Aquí está el llamado: Dios distingue entre el que le sirve y el que no le sirve.
Verso 18:
“Entonces discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.”
Hay un llamado específico para cada uno de nosotros. Dios no llama en masa, Dios llama por nombre.
A cada persona le ha dado una dotación, uno o varios dones, algo con lo que ya fue provisto, eso que sabes hacer, eso que dominas, eso que te sale natural… eso es lo primero que Dios quiere usar.
Primero para servirle a Él y luego, para bendición tuya.
Pero aquí está la condición:
si atendemos a su voz y a su llamado.
Porque hay un “allí” de Dios para cada uno una posición en el equipo de Dios que Él sabe que tú puedes ocupar.
Pero si no ejecutas lo que ya tienes, Dios no lo hará por ti.
Él nos dio libre albedrío, nos dio libertad de decidir: servirle o no servirle, poner en acción lo que Él ya nos proveyó… o enterrarlo.
Veamos el ejemplo de Aarón y María en Números 12:1–9. Ambos murmuraron contra Moisés porque olvidaron su rol.
No era su tiempo para dirigir, era su tiempo para respaldar.
María era profetisa y cantora (Éxodo 15:20).
Aarón era sacerdote, ayudante y vocero de Moisés (Éxodo 4:14).
Dios no los había llamado a ocupar el lugar de Moisés, sino a funcionar correctamente en el suyo. Cuando salieron de su llamado, vino la corrección.
Ahora miremos 1 Reyes 17:8–16, la viuda de Sarepta.
Ella no tenía mucho tenía poco pero puso ese poco en las manos de Dios y Dios hizo maravillas con lo pequeño.
Dios no te está pidiendo lo que no tienes Dios quiere usar eso poco, esa habilidad, ese don, esa disposición.
Haz lo que te ha llamado a hacer en este momento, en este tiempo, y Él hará todo lo demás.
La pregunta final es personal:
¿Cuál es tu papel hoy?
¿El de Moisés?
¿El de la viuda de Sarepta?
¿El de Aarón?
¿El de María?
No todos tienen el mismo llamado, pero todos tenemos un llamado y hoy Dios nos recuerda lo mismo que en Malaquías 3:18:
“Discerniréis la diferencia entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.”
Hoy no es tiempo de murmurar.
No es tiempo de compararse.
No es tiempo de retroceder.
Ahora es tu llamado.
Y Dios sigue escribiendo nombres en su libro de memoria.