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Lectura basada en Lucas 17:5–10; Hebreos 11:1; 1 Pedro 2:15; Colosenses 3:23–25
Jesús enseñaba a Sus discípulos acerca de la fe y del servicio. En Lucas 17, los apóstoles le dijeron: “Señor, auméntanos la fe.” Y Jesús respondió: “Si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os obedecería.”
La Biblia nos recuerda en Hebreos 11:1 que:
La fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Dicho de otra manera, Jesús nos está diciendo que, si tuviéramos aunque sea una pequeña seguridad de lo que esperamos y una mínima convicción de recibir lo que aún no vemos, podríamos hablarle a lo imposible… y obedecería.
Luego, a partir del verso 7, Jesús cambia el enfoque y nos habla del siervo. Plantea una pregunta sencilla pero profunda:
“¿Acaso el amo le da las gracias al siervo porque hizo lo que se le ordenó? Pienso que no.”
Y entonces concluye con una declaración que confronta nuestro orgullo: “Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les ha ordenado, digan: ‘Siervos inútiles somos, pues solo hicimos lo que debíamos hacer.’”
Esto nos lleva a una reflexión seria:
Si haciendo lo que se nos ordena, Jesús nos llama “siervos inútiles”, ¿qué se dirá de aquel que ni siquiera hace lo que se le pidió? Tal vez algunos solo llegamos al nivel de “inútiles”…
y otros ni siquiera alcanzan ese grado.
Porque el siguiente nivel, el de ser verdaderamente útiles en el Reino, no se alcanza haciendo lo mínimo, sino haciendo más de lo esperado. No importa si otros critican, si nos llaman culebras o no reconocen el esfuerzo.
Usted siga haciendo más.
Si le piden un reporte, agréguele gráficos.
Si le piden cocinar, prepare también el postre.
Si le piden servir, sirva con excelencia.
Porque si no avanzamos, corremos el riesgo de quedarnos estancados en la indiferencia espiritual.
La esperanza de gloria a la que Cristo nos ha llamado clama dentro de nosotros para que hagamos aquello para lo cual Él nos envió.
Pero cuántas veces, si somos honestos, nos hacemos los locos.
La Escritura dice en 1 Pedro 2:15:
“Haciendo el bien, haréis callar la ignorancia de los hombres insensatos.”
Usted no sabe quién lo está observando.
Tal vez, siendo fiel en lo pequeño, Dios lo está preparando para algo mayor…
y podría ser el próximo José.
Y la Palabra nos exhorta claramente:
“Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres;
sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor sirven.”
(Colosenses 3:23–24)
Sirvamos, entonces, no por reconocimiento humano,
sino con un corazón dispuesto a dar más,
porque a quien realmente servimos…
es al Señor.