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LOS VALIENTES DE JEHOVÁ
2 Samuel 23:8-39 nos abre una ventana al pasado y nos lleva al tiempo del rey David. Allí no encontramos solamente una lista de nombres; encontramos historias de hombres que, en medio del peligro, decidieron permanecer firmes. La Biblia los llama los valientes de David, pero hoy podemos verlos también como un reflejo de los valientes de Jehová.
Un valiente no es alguien que nunca siente miedo. Valiente es aquel que, aun sintiendo temor, decide actuar con fe, con valor y con determinación delante de situaciones arriesgadas y difíciles.
Imagine por un momento el campo de batalla. El polvo se levanta, el sonido de las espadas se escucha, muchos retroceden, otros miran con temor; pero en medio de esa escena aparece un hombre que no huye. No porque confíe en su fuerza, sino porque sabe que Jehová está con él. Así se levantaron los valientes de David, y así Dios quiere levantar hombres y mujeres valientes en este tiempo.
Jesús dijo en Mateo 11:12: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Esto no habla de una violencia humana, sino de una determinación espiritual. Habla de gente que no se queda sentada viendo cómo el enemigo avanza, sino que se levanta en fe y dice: “Yo voy a permanecer firme en el reino de Dios.”
Cuando Josué estaba por entrar a una nueva etapa, Dios no le dijo: “No habrá gigantes”, ni le dijo: “No habrá murallas”. Dios le dijo: “Solamente esfuérzate y sé muy valiente.” En otras palabras, la promesa estaba dada, pero la valentía era necesaria para caminar hacia ella.
Hay momentos en la vida en los que Dios no nos saca inmediatamente de la batalla, sino que nos fortalece dentro de ella. Porque la valentía no se prueba en la comodidad, se prueba cuando hay oposición, cansancio, amenaza y presión.
En Jueces 15, la Biblia nos presenta a Sansón. Humanamente parecía no tener lo suficiente: no tenía un ejército a su lado, no tenía una espada en la mano, solo encontró la quijada de un asno. Pero cuando el Espíritu de Dios vino sobre él, aquello que parecía insignificante se convirtió en instrumento de victoria. Con eso derrotó a mil hombres.
Esto nos enseña que Dios no necesita que tengamos todo perfecto para usarnos. A veces solo necesita que entreguemos lo que tenemos en la mano. Una oración sencilla, una palabra de fe, una decisión de obediencia, una vida rendida al Señor, puede convertirse en arma poderosa cuando Dios está en medio.
Ahora bien, ¿en qué momento se revela quién es valiente? En el momento de la batalla. Pero nuestra batalla no es como las batallas de los hombres. Efesios 6:12 dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.”
2 Corintios 10:3-5 nos recuerda que aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas. El valiente de Jehová no pelea con odio, no pelea con venganza, no pelea con violencia humana; pelea con fe, con oración, con santidad, con obediencia y con la Palabra de Dios.
Por eso, cuando el enemigo levanta temor, el valiente responde con fe. Cuando el enemigo levanta mentira, el valiente se ciñe con la verdad. Cuando el enemigo acusa, el valiente recuerda que ha sido justificado por Cristo. Cuando el enemigo lanza dardos de duda, el valiente levanta el escudo de la fe.
Entonces, no vamos a causar impacto en el reino de las tinieblas con armas humanas, ni con palabras de amenaza, ni con actitudes carnales. El valiente de Jehová se viste de la armadura de Dios y permanece firme cuando otros retroceden.
Efesios 6:13-18 nos dice: “Tomad toda la armadura de Dios.” Allí está el uniforme del valiente: la verdad como cinturón, la justicia como coraza, el evangelio de la paz como calzado, la fe como escudo, la salvación como yelmo, la Palabra de Dios como espada, y la oración constante como respiración espiritual. Un creyente vestido así puede resistir en el día malo y, habiendo acabado todo, estar firme.
Hoy el Señor sigue buscando valientes. No valientes para destruir personas, sino valientes para perdonar. No valientes para pelear con carne y sangre, sino valientes para orar. No valientes para levantar orgullo, sino valientes para humillarse delante de Dios. Valientes que no negocien su fe, que no abandonen la verdad, que no suelten la Palabra y que no retrocedan cuando venga la prueba.
Así como David tuvo sus valientes, Cristo también está formando los suyos. La pregunta es: ¿seremos de los que miran la batalla desde lejos, o de los que se levantan confiando en Jehová? Hoy es tiempo de tomar la armadura, afirmar los pies, levantar el escudo de la fe y decir: “Señor, cuenta conmigo. Yo quiero ser un valiente de Jehová.”