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Esperar no siempre es fácil. Vivimos en una época donde todo parece estar al alcance de un clic, y por eso los tiempos de espera suelen producir inquietud, frustración e incluso dudas. Sin embargo, la naturaleza nos recuerda que los procesos importantes requieren tiempo.
Cualquier madre sabe que el tiempo de gestación de un bebé desarrolla paciencia y expectativa. Pero existen ejemplos aún más sorprendentes. La elefanta lleva a su cría en el vientre durante aproximadamente veintidós meses antes del nacimiento. El tiburón conocido como pez lija tiene un período de gestación de entre veintidós y veinticuatro meses. Incluso la salamandra alpina, que habita a más de mil quinientos metros de altura, puede permanecer hasta treinta y ocho meses en gestación.
Estos ejemplos nos enseñan que algunas de las obras más extraordinarias requieren largos procesos de preparación.
De alguna manera, Abraham pudo haberse identificado con esta realidad. Ya siendo de edad avanzada, Dios le hizo una promesa extraordinaria:
«Haré de ti una nación grande.»
Génesis 12:2
Sin embargo, los años comenzaron a pasar y la promesa parecía cada vez más imposible. Humanamente hablando, todo indicaba que el tiempo había terminado. Aun así, Dios volvió a hablarle y reafirmó Su palabra:
«Uno saldrá de tus entrañas, él será tu heredero.»
Génesis 15:4
Abraham decidió creer. No tenía todas las respuestas, no conocía el calendario de Dios ni entendía cómo se cumpliría aquella promesa. Simplemente confió.
La Escritura dice que esa fe le fue contada por justicia, y por ello fue llamado amigo de Dios.
«Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.»
Santiago 2:23
Desde la promesa hasta el nacimiento de Isaac transcurrieron aproximadamente veinticinco años. Veinticinco años de espera, de preguntas, de silencios y también de esperanza.
Esperar nunca significa que Dios haya olvidado lo que prometió.
La fe también sabe esperar
Con frecuencia pensamos que la fe consiste únicamente en creer que Dios puede hacer un milagro. Pero la verdadera fe también permanece firme mientras espera el momento señalado por Dios.
Esperar no significa resignarse. Esperar es seguir confiando cuando todavía no vemos el cumplimiento de la promesa.
Por eso el escritor de Hebreos nos anima diciendo:
«Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.»
Hebreos 10:23
Nuestra confianza no descansa en las circunstancias, sino en el carácter de Dios. Él permanece fiel aun cuando el tiempo parezca prolongarse.
Caminar sin conocer el destino
Abraham no solo esperó; también obedeció.
La carta a los Hebreos describe su caminar de esta manera:
«Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.»
Hebreos 11:8-10
Qué impresionante es pensar que Abraham caminó durante años sin conocer todos los detalles del plan de Dios.
Muchas veces nosotros también deseamos que Dios nos muestre el destino completo antes de dar el primer paso. Sin embargo, el Señor suele revelar solamente lo necesario para seguir avanzando por fe.
La obediencia siempre precede a la comprensión.
La fidelidad de Dios nunca cambia
Es posible que durante la espera aparezcan momentos de cansancio o de duda. Abraham también enfrentó esos momentos. Sin embargo, nunca dejó de creer que Dios cumpliría lo que había prometido.
La razón de esa confianza no estaba en sus propias fuerzas, sino en la fidelidad del Señor.
La Palabra declara:
«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?… He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla.»
Números 23:19-20
Las promesas de Dios no dependen de las circunstancias ni de las limitaciones humanas. Él permanece fiel a Su palabra.
Esperar con esperanza
La espera nunca es tiempo perdido cuando caminamos con Dios. Mientras esperamos, Él forma nuestro carácter, fortalece nuestra fe y nos prepara para recibir aquello que ha prometido.
Muchas veces deseamos llegar rápidamente al cumplimiento, pero Dios también está interesado en lo que sucede en nosotros durante el proceso.
Abraham esperaba una promesa terrenal, pero su mirada iba mucho más allá.
«…porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.»
Hebreos 11:10
Su esperanza no estaba únicamente en Isaac, sino en el Dios que había hecho la promesa.
Una reflexión final
Quizá hoy estés esperando una respuesta, una restauración, una puerta abierta, una provisión o el cumplimiento de una palabra que Dios puso en tu corazón hace mucho tiempo.
Aunque el tiempo parezca largo, recuerda que el Señor nunca llega tarde. Él sigue obrando aun cuando nuestros ojos todavía no lo perciban.
Mantente firme. Sigue creyendo. Sigue caminando.
El mismo Dios que hizo la promesa es el Dios que la cumplirá en el tiempo perfecto.
Porque nuestra esperanza no descansa en el calendario, sino en Aquel que siempre cumple lo que promete.
«Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.»
Hebreos 11:10
Si mantienes este formato para todas las enseñanzas, terminarán pareciendo un libro de lecturas devocionales, con un estilo uniforme, reflexivo y fácil de leer, sin perder la profundidad bíblica de las predicaciones originales.