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La doctrina de Balaam
En Apocalipsis 2:14-15, Dios habla a la iglesia de Pérgamo y le hace una seria advertencia:
«Pero tengo unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a los que retienen la doctrina de Balaam…»
Surge entonces una pregunta importante: ¿A qué doctrina se refiere el Señor?
La doctrina de Balaam era una enseñanza que llevaba al pueblo a la inmoralidad sexual y a la codicia, promoviendo la ganancia deshonesta y el alejamiento de Dios. Esto significa que la iglesia de Pérgamo estaba tolerando prácticas que el Señor aborrecía, permitiendo que la inmoralidad y el amor al dinero encontraran lugar entre los creyentes.
Para comprender mejor esta doctrina debemos remontarnos al libro de Números 22:1-6. Allí encontramos al rey Balac, rey de Moab, quien buscó al profeta Balaam con el propósito de que maldijera al pueblo de Israel. Su intención era debilitar espiritualmente al pueblo para poder vencerlo en la guerra. Sin embargo, Dios intervino y no permitió que Balaam pronunciara maldición contra Israel.
Aunque Balaam no pudo maldecir directamente al pueblo, más adelante encontramos cuál fue el consejo que dio. En Números 24:10-14 comienza a revelarse el desenlace, y en Números 25:1-4 y 9 vemos que los israelitas cayeron en pecado al unirse con mujeres moabitas, participando en inmoralidad e idolatría. Como consecuencia de su desobediencia, el juicio de Dios vino sobre ellos y murieron veinticuatro mil personas.
Posteriormente, Números 31:12-16 confirma que fue Balaam quien aconsejó a los enemigos de Israel inducir al pueblo al pecado para provocar el juicio divino. En el versículo 8 también se registra que Balaam fue muerto.
Este acontecimiento nos enseña un principio espiritual que permanece vigente hasta nuestros días. Por eso la Escritura declara:
«Como el gorrión en su vagar y la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa.»
Proverbios 26:2
La maldición no aparece sin motivo. Siempre existe una causa que abre la puerta para que sus consecuencias alcancen la vida de una persona.
Podríamos hablar de muchas clases de maldiciones, pero, de manera general, podemos entender que toda situación que impide disfrutar la plenitud, la paz y la bendición que Dios desea para sus hijos es consecuencia de haber dado lugar al pecado y a la desobediencia. En Deuteronomio 28:15-68 encontramos una amplia descripción de las consecuencias que trae apartarse del camino del Señor.
El pecado siempre abre puertas que Dios nunca quiso que permanecieran abiertas.
La doctrina de los nicolaítas
El Señor continúa diciendo en Apocalipsis 2:15:
«Y también tienes a los que retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco.»
La palabra nicolaítas proviene del griego nikolaítes, que significa «seguidores de Nicolás». Se trató de una secta herética que surgió en la iglesia primitiva.
Cristo alabó a la iglesia de Éfeso por aborrecer las obras de los nicolaítas (Apocalipsis 2:6), pero reprendió a la iglesia de Pérgamo porque había aceptado sus enseñanzas (Apocalipsis 2:15).
Entre las doctrinas que promovían estaba la idea de que el creyente podía vivir conforme a los deseos de la carne sin que eso afectara su relación con Dios o su salvación. Esa falsa enseñanza dio libertad a la inmoralidad sexual, al libertinaje moral y a otras prácticas contrarias a la voluntad del Señor.
No existe evidencia bíblica suficiente para afirmar que el Nicolás mencionado en Hechos 6:5 haya sido el fundador de esta herejía. Por el contrario, la Escritura lo presenta como uno de los hombres escogidos por la iglesia para servir.
«Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía.»
Lo importante es comprender que los nicolaítas representaban a personas que, aparentando servir a Dios, introducían enseñanzas falsas y desviaban al pueblo del camino de la verdad.
La iglesia de Pérgamo había llegado al punto de aceptar, abrazar y valorar aquello que Dios mismo decía aborrecer.
Por esa razón, el Señor hace un llamado claro al arrepentimiento.
En Apocalipsis 2:16 declara:
«Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto…»
Esta expresión nos habla de una visitación del Señor para traer disciplina y juicio. Es la manifestación de la autoridad de un Padre que ama profundamente a sus hijos y que, precisamente por ese amor, corrige aquello que está mal.
Dios siempre actúa primero con misericordia. Antes de disciplinar, habla. Antes de juzgar, aconseja. Antes de corregir con firmeza, llama al arrepentimiento. Pero cuando el corazón permanece endurecido y persiste en la desobediencia, entonces permite la disciplina con el propósito de formar nuestro carácter y hacernos semejantes a Cristo.
Toda corrección de Dios tiene un propósito de amor: restaurarnos y conducirnos nuevamente por el camino de la vida.
Por eso la Biblia también nos advierte:
«El que aportillare un vallado, le morderá la serpiente.»
Eclesiastés 10:8
Cuando quitamos los límites que Dios ha establecido y abrimos brechas en nuestra vida espiritual, permitimos que el enemigo encuentre acceso.
Finalmente, el Señor pone delante de cada uno una decisión.
«A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.»
Deuteronomio 30:19
Cristo ya nos redimió. Ahora nos corresponde vivir conforme a esa redención, dejando de dar lugar al pecado y obedeciendo al Padre de las luces.
Sabemos que obedecer no siempre es fácil; muchas veces cuesta, y cuesta mucho. Sin embargo, la obediencia siempre traerá vida, mientras que la desobediencia abrirá puertas al dolor y a la disciplina.
Por eso el llamado del Señor sigue siendo el mismo para cada generación:
«Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia.»