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En Génesis 13:1-13 encontramos un episodio interesante en la vida de Abraham y Lot. Paradójicamente, fue la bendición de Dios la que dio lugar a un altercado entre ellos. Ambos habían prosperado tanto que la tierra ya no era suficiente para sostener a sus rebaños, y fue necesario separarse.
Lo que llama la atención es la manera en que Lot tomó su decisión. Él puso sus ojos en el lugar que parecía ofrecer mayores oportunidades. Observó las llanuras fértiles del Jordán y escogió lo que, según su criterio, le garantizaría un mejor futuro. Podríamos decir que fue muy estratégico, incluso un buen mercadólogo. Sin hacer mayores análisis, pensó: «Por este lado me irá mejor», y hacia allí dirigió su camino.
Abraham, en cambio, actuó de manera diferente. No confió en lo que veía, sino en Aquel que lo había llamado. Comprendía un principio que más adelante encontramos reflejado en 1 Samuel 16:7:
«Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.»
Después de que Lot se apartó, Dios volvió a hablar con Abraham.
En Génesis 13:14-18, el Señor le dijo:
«Alza ahora tus ojos, y mira…»
Es interesante notar que Dios ensanchó su visión cuando Abraham decidió confiar plenamente en Él. La respuesta de Abraham fue levantar un altar, reconociendo que toda bendición provenía de Dios y no de las circunstancias.
La Escritura nos enseña un principio que transforma nuestra manera de vivir:
Deuteronomio 28:2
«Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios.»
La promesa no dice que debemos correr detrás de las bendiciones. Dice que ellas nos alcanzarán cuando caminamos en obediencia.
Vivimos en una sociedad que constantemente nos impulsa a perseguir el éxito, las oportunidades o la prosperidad a cualquier costo. Sin embargo, Dios nos muestra un camino diferente: primero escuchar Su voz y permanecer en obediencia; después, la bendición llegará en el tiempo correcto.
En Deuteronomio 6:13 leemos:
«A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás.»
La palabra hebrea para servir en este pasaje es Abád, que también puede traducirse como adorar. Su significado incluye trabajar, ejercer, ministrar, honrar, labrar y rendir culto. Es decir, servir a Dios no se limita a una actividad dentro de la iglesia; es una forma de vivir que expresa adoración en cada área de nuestra vida.
La historia de Lot continúa y nos muestra las consecuencias de confiar únicamente en el razonamiento humano.
En Génesis 14:12, Lot fue tomado prisionero junto con toda su gente y sus posesiones. Abraham tuvo que salir a rescatarlo, derrotando a quienes lo habían capturado.
Más adelante, en Génesis 19, las ciudades de Sodoma y Gomorra, donde Lot había decidido establecerse, fueron destruidas. Una vez más, fue necesario que Dios lo rescatara.
Aunque Lot escogió el lugar que parecía más prometedor, las decisiones basadas únicamente en lo que ven nuestros ojos no siempre conducen a la paz.
La Biblia declara en Proverbios 10:22:
«La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.»
Este versículo nos recuerda que existen otras formas de alcanzar riqueza o éxito, pero muchas de ellas terminan añadiendo tristeza, preocupación o dolor.
La palabra hebrea para tristeza (étseb) también puede traducirse como esfuerzo doloroso, fatiga o retorcijón. Es una bendición conseguida con un costo que Dios nunca quiso para nosotros.
Por eso, cuando aprendemos a escuchar Su voz y a servirle con un corazón sincero, caminamos bajo una bendición que trae paz, propósito y descanso.
La fidelidad de Dios tampoco cambia con las circunstancias.
Números 23:19 declara:
«Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta.»
Sus promesas permanecen firmes.
Por eso, no pongamos nuestra confianza únicamente en los estados financieros, en las estrategias humanas, en la economía o en las noticias del momento. Todo eso cambia constantemente.
Hay un dicho que refleja muy bien nuestra realidad: muchas veces lo que escuchamos lo agrandamos o lo arruinamos. Un ejemplo curioso es el de la empresa alemana Champer & Co., dedicada a la explotación de maderas finas en las playas de Retalhuleu durante la década de 1880. Con el tiempo, el nombre terminó convirtiéndose en Champerico. Así de fácil transformamos las cosas con nuestras propias interpretaciones.
En cambio, Dios nunca altera Su verdad ni cambia Sus promesas.
Por eso, no temas. Sigue caminando. Continúa confiando en el Señor y sírvele con todo tu corazón.
No corras detrás de la bendición. Camina detrás de Dios.
Porque cuando escuchamos Su voz y permanecemos en obediencia, se cumple Su promesa: la bendición será la que nos alcance, y esa bendición no añade tristeza.